domingo, 13 de mayo de 2012





Che, hoy me arrimé a la esquina y no vi a los pibes. Raro. Ya sé que hace un tiempo que no pintaba porque la vieja con el resfrío que me pesqué  ni al balcón me dejó asomar.
La mesa plegable con la sexta apilada y las revistas porno escondidas entre el diario popular y las devoluciones de la quinta estaba desarmada. Me hubiera entretenido mientras esperaba que llegasen, quizá se había armado un picadito en el baldío de French, y en un toque aparecían; pero si la mesa no está es porque seguro que  El Paya también andará enfermo.
Me crucé a la verdulería del viejo de Leño a preguntar por los bepis y tuve que mirar a ver si todavía me había equivocado de esquina, porque de la verdulería ni un cajón de naranjas quedaba. Y la esquina era, pero adentro estaban tomando café con masitas las viejas copetudas del barrio. Osea, vendieron, y levantaron una confitería en menos de lo que canta un gallo. El progreso es una cosa asquerosa.
Me fui a Navarra, capaz que se estaban echando un pool y seguro que las chicas le estaban dando a los fichines desquiciadas y no iban a pasar bola, pero tampoco. Santa Fe era un cardal de tiendas nuevas y ahora resulta que es doble mano. Del pool ni noticias.
Pensé que estaba teniendo un mal sueño y volví a la esquina de la barra porque no logré despertarme y entonces un sueño no era.
Le había prometido a la vieja que estaría en casa antes de que empezara a preparar la cena porque tenía miedo de que me volviera a engripar y no me gusta hacerle pasar mala sangre. Ya estaba refrescando y me quedaba poco tiempo. Yo quería saludarlos y arreglar para el partido del sábado en placita Las Heras porque nos habíamos quedado calientes con los chabones de la Rodriguez Peña y la goleada que nos gastaron la última vez y si no les rompíamos el culo la próxima lo íbamos a arreglar a las piñas.
Con Soga al arco, El Paya, Quique y Obelix aguantándola; Jurun y yo que la descosemos, no podemos perder.
Me quedé con ganas de ver a la Flaca, de darle unos besos y decirle que la estuve extrañando, pero si no estaba en los fichines seguro que estaba guardada estudiando.
Hoy me arrimé a la esquina y los pibes no estaban. Ni las baldosas eran las mismas.
¡Puta madre, si hasta me dan ganas de escribir un tango!

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